"Esto parece el 11 de julio de las conservas"

Cientos de personas se aglomeran en colas a la hora en que termina el toque de queda

No habían pasado más de cinco minutos de las cinco de la mañana, antes del amanecer, cuando cientos de personas ya estaban en la fila para entrar en La Casa de las Conservas. (14ymedio)
No habían pasado más de cinco minutos de las cinco de la mañana, antes del amanecer, cuando cientos de personas ya estaban en la fila para entrar en La Casa de las Conservas. (14ymedio)

Nada más cerrar la puerta de la casa, temprano en la madrugada, cuando salía a la calle para conseguir turno en la flamante Casa de las Conservas, la escena era insólita. Cuatro mujeres cerraban el paso en el pasillo, tendidas en el suelo. Se escondían de las patrullas de Policía que pasan con frecuencia controlando que nadie viole el toque de queda, vigente de 9 pm a 5 am en La Habana.

"Ya son las cinco, ¡vamos!", se dijeron; y dirigiéndose a mí, que las miraba pasmada: "Gracias por no delatarnos, muchacha".

No pensé que fuera necesario correr como ellas –el comercio no abre hasta las nueve, cuatro horas después– hasta que llegué a la cuadra donde comenzaba la cola. A unos pocos minutos del fin del toque de queda, ya había allí, en Ayestarán y 19 de Mayo, en el municipio de Cerro, por lo menos 400 personas.

Las familias se ponen de acuerdo para que uno de ellos pase la noche en vela y los otros lleguen después de que el reloj marque las 5

Agazapados, escondidos en la maleza, subidos a las ramas de los árboles cercanos, en escaleras, portales y entradas de viviendas, miles de cubanos esperan cada día que termine el toque de queda para lograr marcar en las filas para las tiendas en divisas o en pesos cubanos.

El fenómeno, conocido por las autoridades y ridiculizado en las caricaturas de la prensa oficial, se ha extendido a todo aquel lugar donde se corra la voz de que van a sacar a la venta algún producto de amplia demanda popular. Las familias se ponen de acuerdo para que uno de ellos pase la noche en vela y los otros lleguen después de que el reloj marque las 5 am.

De los lugares cercanos, procedentes de todas direcciones, venían corriendo grupos numerosos de personas con rostro ansioso y paso apurado, que trataban de alcanzar una posición privilegiada en la cola para comprar en la tienda recién inaugurada con venta en pesos cubanos, una anomalía en una ciudad y un país que cada día se rinde más ante la divisa extranjera.

Estar de los primeros en la fila no garantizaba ningún privilegio. Los agentes policiales negaban la posibilidad de permanecer en la cola a quienes en su carné de identidad exhibían una dirección de residencia lejana. Alguien que no viviera en el rango de cinco cuadras no podía estar en ese lugar a esa hora sin haber violado el toque de queda, sentenciaban, con un argumento ni ellos mismos se creían, conocedores de los subterfugios para burlar las restricciones impuestas por la pandemia.

Así, había excepciones. "Mira a ver este, que es de La Habana Vieja, pero dice que es sobrino de alguien", le gritó un policía a un evidente agente, vestido de civil, de la Seguridad del Estado, al tiempo que sacaba de la cola a un hombre, que dio el nombre de un pariente, "funcionario del Ministerio del Interior". Lo dejaron quedarse. Desde ese momento y sin mediar explicación, ya no revisaron más direcciones, y comenzaron a recoger de manera apurada los carnés al resto de los presentes.

"No es posible que yo tenga 200 personas delante en la cola, porque yo resido en ese balcón que usted ve ahí y bajé a las cinco en punto"

"No es posible que yo tenga 200 personas delante en la cola, porque yo resido en ese balcón que usted ve ahí y bajé a las cinco en punto", se quejaba a un policía una muchacha. "Vivo con mi hija pequeña y mi madre con esquizofrenia", decía para que la dejara pasar antes, sin lograr resultado alguno.

El agente le respondió que entendía su situación pero que no podía hacer nada. "Ya tenemos a 57 personas en la Unidad" de la Policía, justificó. Los arrestados, todos en las primeras horas de la mañana, serán multados con 2.000 pesos y recibirán una "carta de advertencia". Como los productos que vende la tienda no son "de primera necesidad", argumentaba el oficial, no había una fila destinada a los "vulnerables", personas con discapacidades o con enfermos postrados en su familia que obtienen una tarjeta que les permite abreviar la espera en otras tiendas y mercados.

A pesar de lo temprano, la algarabía que se extendía por el lugar daba la impresión de que ya el reloj marcaba más allá del mediodía. La gente increpaba a gritos a los que colaban a familiares y conocidos que llegaban más tarde, ante la indiferencia de los agentes, que recogieron, en total, unos 300 documentos de identificación.

La calle Ayestarán, que hasta hace poco era una arteria llena de vehículos y salpicada de negocios privados con ofertas de pizzas y refrescos, ahora se ha convertido en una zona de largas filas, no solo por la recién inaugurada Casa de las Conservas, sino por el cercano complejo de tiendas Trimagen, gestionado por los militares y con suministro de productos en pesos cubanos.

"Mi dirección es un poco alejada y no pude justificar qué hacía ahí a esa hora"

Aún quedaban atrás más de 300 personas. De ellas, recogerían, anunciaron, 200 carnés más, pero más tarde. En ese momento, una multitud se abalanzó sobre los agentes para exigirles que terminaran de pedir los documentos restantes. "Recoge unos cuantos pa' meterle 2.000 pesos aquí mismo y verás como se tranquilizan", increpó uno de los oficiales. El tumulto se disolvió de inmediato.

"¡Dios mío!, ¿qué es esto, de dónde ha salido tanta gente?", se sorprendía una señora de unos 60 años que había corrido dos cuadras para llegar a tiempo y apenas alcanzó el número 350. "Esto parece el 11 de julio de las conservas", dijo con humor.

"Yo estoy aquí para comprar un pomo de mayonesa, porque mi hija cumple años hoy y nos ha pedido que le hagamos una ensalada fría", explicó a este diario un joven que llegó al filo de las cinco de la madrugada. "Logramos obtener un turno pero creo que estaremos comprando después de la una de la tarde, así que vamos a pasar parte de los festejos en la cola".

Una señora llegó por mermelada de guayaba. "Mi madre está postrada y no puede comer nada que tenga que masticar, así que cada día debo buscarle algo de yogur, compota o una base para hacerle jugos", detalló. La mujer fue una de las que no alcanzó turno. "Mi dirección es un poco alejada y no pude justificar qué hacía ahí a esa hora en que llegué".

Los vecinos del lugar están acostumbrados a la multitud y el griterío. No en vano, a escasos metros se encuentra un Trimagen célebre por ser epicentro de colas interminables, accidentes de tránsito y trifulcas. Sin embargo, al pasar por la Casa de Conservas, quedaban pasmados: no había comparación con la locura que se vio aquí este martes.

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